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El respondió:
"Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre".
Pero Jesús le respondió:
"Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios".
Otro le dijo: "Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos".
Jesús le respondió:
"El que puso la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios".
COMENTARIO: Fray Lluc Tordel Monasterio de Santa María de Poblet.(Tarragona, España)
"Deja que los muertos entierren a sus muertos;tú ve a anunciar el Reino de Dios”
Hoy, el Evangelio nos invita a reflexionar, con mucha claridad y no menor insistencia, sobre un punto central de nuestra fe: el seguimiento radical de Jesús. "¡Te seguiré adonde vayas!" (Lc 9,57). ¡Con qué simplicidad de expresión se puede proponer algo capaz de cambiar totalmente la vida de una persona!:
«Sígueme» (Lc 9, 59).
Palabras de nuestro Señor que no admiten excu-sas, retrasos, condiciones, ni traiciones...
RADICALISMO
La vida cristiana es este seguimiento radical de Jesús. Radical, no sólo por-que toda su duración quiere estar bajo la guía del Evan-gelio (porque comprende, pues, todo el tiempo de nues-tra vida), sino -sobre todo- porque todos sus aspectos -desde los más extraordina-rios hasta los más ordina-rios- quieren ser y han de ser manifestación del Espíritu de Jesucristo que nos anima.
CRISTO VIVE EN NOSOTROS
En efecto, desde el Bau-tismo, la nuestra ya no es la vida de una persona cual-quiera: ¡llevamos la vida de Cristo inserta en nosotros! Por el Espíritu Santo derra-mado en nuestros corazo-nes, ya no somos nosotros quienes vivimos, sino que es Cristo quien vive en noso-tros. Así es la vida cristiana, porque es vida llena de Cristo, porque rezuma Cristo desde sus más profundas raíces: es ésta la vida que estamos llamados a vivir.
El Señor, cuando vino al mundo, aunque «todo el gé-nero humano tenía su lugar, Él no lo tuvo: no encontró lu-gar entre los hombres (...), sino en un pesebre, entre el ganado y los animales, y entre las personas más sim-ples e inocentes. Por esto dice: ‘Las zorras tienen gua-ridas, y las aves del cielo ni-dos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la ca-beza’» (San Jerónimo).
DEJEMOS QUE EL SEÑOR CREZCA EN NOSOTROS
El Señor encontrará lu-gar entre nosotros si, como Juan el Bautista, dejamos que Él crezca y nosotros menguamos, es decir, si dejamos crecer a Aquel que ya vive en nosotros siendo dúctiles y dóciles a su Espíri-tu, la fuente de toda humil-dad e inocencia.

(Composición Gráf.: David Fernando Cruz Chumbe / Subtítulos: Jesús Fernando Cruz Chumbe / Fuente: http: //evangeli.net/evangelio / Fotografía: www.taringa.net)

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