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«Maestro, vimos a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros».
Pero Jesús le dijo: «No se lo impidan, pues el que no está contra ustedes, está por ustedes».
Comentario: Prof. Dr. Mons. Lluís Clavell (Roma, Italia)
«El más pequeño de entre ustedes, ése es mayor»
Hoy, camino de Jerusalén hacia la pasión, «se suscitó una discusión entre los discípulos sobre quién de ellos sería el mayor».
Cada día los medios de comunicación y también nuestras conversaciones están llenas de comentarios sobre la importancia de las personas: de los otros y de nosotros mismos. Esta lógica solamente humana produce frecuentemente deseo de triunfo, de ser reconocido, apreciado, agradecido, y falta de paz, cuando estos reconocimientos no llegan.
GESTOS Y PALABRAS
La respuesta de Jesús a estos pensamientos -y quizá también comentarios- de los discípulos recuerda el estilo de los antiguos profetas. Antes de las palabras hay los gestos. Jesús «tomó a un niño, le puso a su lado» (Lc 9,47). Después viene la enseñanza: «El más pequeño de entre vosotros, ése es mayor» (Lc 9,48).
- Jesús, ¿por qué nos cuesta tanto aceptar que esto no es una utopía para la gente que no está implicada en el tráfico de una tarea intensa, en la cual no faltan los golpes de unos contra los otros, y que, con tu gracia, lo podemos vivir todos? Si lo hiciésemos tendríamos más paz interior y trabajaríamos con más serenidad y alegría.
“EL QUE NO ESTÁ CONTRA USTEDES, ESTÁ POR USTEDES”
Esta actitud es también la fuente de donde brota la alegría, al ver que otros trabajan bien por Dios, con un estilo diferente al nuestro, pero siempre valiéndose del nombre de Jesús. Los discípulos querían impedirlo. En cambio, el Maestro defiende a aquellas otras personas. Nuevamente, el hecho de sentirnos hijos pequeños de Dios nos facilita tener el corazón abierto hacia todos y crecer en la paz, la alegría y el agradecimiento.
Estas enseñanzas le valieron a santa Teresita de Lisieux el título de “Doctora de la Iglesia”: en su libro Historia de una alma, ella admira el bello jardín de flores que es la Iglesia, y está contenta de saberse una pequeña flor. Al lado de los grandes santos -rosas y azucenas- están las pequeñas flores -como las margaritas o las violetas- destinadas a dar placer a los ojos de Dios, cuando Él dirige su mirada a la tierra.

(Comp. Gráfica: David Fernando Cruz Chumbe / Subtítulos: Jesús Fernando Cruz Chumbe / Fuentes: evangeli.net / evangeliodeldia.org / Fotografía: minutodedios.fm)

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