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Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no vine para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo hablé, ésa le juzgará el último día; porque yo no hablé por mi cuenta, sino que el Padre que me envió me mandó lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo dijo».

COMENTARIO: P. Julio César RAMOS González SDB (Mendoza, Argentina)
“El que cree en mí,no cree en mí, sino en aquel que me envió”
Hoy, Jesús grita; grita como quien dice palabras que deben ser escuchadas claramente por todos. Su grito sintetiza su misión salvadora, pues vino para «salvar al mundo» (Jn 12,47), pero no por sí mismo sino en nombre del «Padre que me envió y me mandó lo que tengo que decir y hablar» (Jn 12,49).
DIÁLOGO ESTRECHO ENTRE PADRE E HIJO
Todavía no hace un mes que celebrábamos el Triduo Pascual: ¡cuán presente estuvo el Padre en la hora extrema, la hora de la Cruz! Como escribió Juan Pablo II, «Jesús, abrumado por la previsión de la prueba que le espera, solo ante Dios, lo invoca con su habitual y tierna expresión de confianza: ‘Abbá, Padre’». En las siguientes horas, se hace patente el estrecho diálogo del Hijo con el Padre: «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34); «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23,46).
NO VIVAMOS EN TINIEBLAS
La importancia de esta obra del Padre y de su enviado, se merece la respuesta personal de quien escucha. Esta respuesta es el creer, es decir, la fe (cf. Jn 12,44); fe que nos da -por el mismo Jesús- la luz para no seguir en tinieblas. Por el contrario, el que rechaza todos estos dones y manifestaciones, y no guarda esas palabras «ya tiene quien le juzgue: la Palabra» (Jn 12,48).
PONGAMOS LOS OJOS EN CRISTO
Aceptar a Jesús, entonces, es creer, ver, escuchar al Padre, significa no estar en tinieblas, obedecer el mandato de vida eterna. Bien nos viene la amonestación de san Juan de la Cruz: «[El Padre] todo nos lo habló junto y de una vez por esta sola Palabra (...). Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no sólo sería una necedad, sino que haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, evitando querer otra alguna cosa o novedad».

(Composición Gráfica:David Fernando Cruz Chumbe / Subtítulos:Jesús Fernando Cruz Chumbe / Fuente: evangeli.net / Ilustración: noticias.midiariocristiano.com)