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Ayer miércoles 31 de agosto, un plantel: "San Ramón" celebró 51 años de vida institucional. Otro plantel: "Mariscal Cáceres" celebró 169 años, si consideramos que fue fundadado el 01 de marzo de 1847 por un Decreto Ley aprobado por el Ministro de Gobierno Dr. Pérez de Tudela.

Hasta donde pudimos observar, en ninguno de los programas figuran, al menos, los nombres de directores y profesores que dieron la vida para acrecentar al prestigio de sus planteles. Es más, en el semi hermoso tríptico “mariscalino” donado por el exalumno Ing. Carlos Ruiz Ayala, no figura la Romería del caso hacia el camposanto.
La ingratitud, de todos los defectos humanos, es el más censurable, pues pinta de cuerpo entero la insensibilidad y el egoísmo de los ingratos. Puede explicarse y justificarse el olvido pero es imperdonable la ingratitud.
Mueve a la reflexión el hecho de que Directores que demostraron en vida cariño e identificación institucional y alguno, como Alfredo Mendoza Salazar, fue muerto en días en que la violencia no respetaba ni vida ni tradición.
En los 164 años pasaron por la dirección mariscalina personalidades que educaron con su ejemplo y enseñaron con su sabiduría, pero ni en la celebración del sesquicentenario fueron nominados, menos recordados.
Fueron los ausentes en el corazón y la mente de la generación actual.
Mucho del prestigio que alcanzan los Centros Educativos se debe a directores y profesores que transfirieron su temperamento y su don de gente, su hábil manejo de las relaciones humanas y públicas a su plantel y siendo modelos también sirvieron de ejemplo a millares de niños y jóvenes que a su turno de ejercer las profesiones que eligieron las desarrollan con honestidad y responsabilidad.
Son estos nombres, estas vidas que no se recordaron en dos fechas tan importantes.
Una flor, un ramo, una corona, una misa, una visita a sus tumbas acaso haya servido para demostrar que en Huamanga, por lo menos, la más elemental de las virtudes como es la gratitud por los favores recibidos no se enterró en los áridos sepulcros de la apatía o indiferencia y mucho menos en esa horrible dimensión inhumana que es la ingratitud.
Las romerías que no las organizaron las hacemos mentalmente y en lo más recóndito de nuestro corazón agradecido a los profesores: Parra Carreño, Olivers Marquez, Milón Bendezú, Scarsi Valdivia, Alcides Guerra, Artemio Ayala,...
Paqarinkama, hasta mañana viernes


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