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El sábado 09 de agosto de 2014, un mensaje telefónico me comunicó que sus restos mortales estaban siendo conducidos hasta su última morada. Sentado ante mi CPU le escribí estas ideas dictadas por mi sorprendida tristeza.Lo conocí a Ud. ¿recuerda? Bueno, yo sí. En 1963 había contraído matrimonio, y cuando a los guardia civiles no nos concedían en crédito, ni una modesta radio, si no había de por medio un garante o una prenda valiosa, su generosidad me garantizó y sin firmar letras de cambio en blanco, ni siquiera un modesto recibo, al día siguiente, mi casita del Jr. Bellido ya contaba con una necesaria refrigeradora.

Allí nació nuestra diplomática amistad. Pasado el tiempo, el 17 de noviembre de 1994. Ud. tal vez previendo lo que venía, se acercó a la mesita de un bar frente al templo de San Francisco de Paula, donde con cuatro amigos y un cubilete tomábamos unas cervecitas.
Ud. con su agüita mineral no dejó de cultivar su reconocida galantería y más de una preciosa dama le agradeció sus finos piropos y nosotros también, a su desprendimiento, por las tres botánicas que nos brindó antes de irse y por la picardía de algunos chistes que nos hicieron olvidar el mundo y los peligros que seguían rondando a Huamanga.
Antes de retirarse posó para la cámara del entonces Semanario “La Voz” de Huamanga que fue disparada por el colega Carlos Condori Castillo, cuyo resultado fue la fotografía que ilustra esta columna editorial.
No me sorprendió su gesto; caballero como era, derrochaba amabilidad y bromas con los amigos, hasta delicadísimo de salud como estaba.
Al día siguiente, muy temprano, un derrame cerebral que me hizo aterrizar en Lima en el Hospital Rebagliatti, me dejó como secuela una hemiplejia al emitorax izquierdo en condición de minusválido. Por ese motivo ya no pude verle más. Supe que casi en iguales condiciones que yo, su existencia soñaba en su pronta mejoría para reflotar su empresa y seguir sirviendo al pueblo.
Ud. a quien 5 balas (3 en la cabeza) no pudieron terminar con su fortaleza espiritual y física, despidió de esa manera una amistad sincera, no pródiga en reuniones sociales, cierto, pero sí profunda en el calor de unas frases en su tienda del Jr. Asamblea en la que recalaba camino a mi trabajo en Guaman Poma. Ya era profesor.
Muy pocos sabíamos que era iqueño y había llegado a Huamanga en 1960, que en muy poco tiempo ya era Presidente del Club de Leones, exitoso empresario comercial en la línea “blanca” desde Representaciones Jáuregui, luego militante de base en Acción Popular y al poco tiempo su Secretario General y como tal, candidato a la Alcaldía Provincial de Huamanga para el período 1980-1983 que ganó de punta a fin, para ser el Sr. Alcalde a quien este pueblo recuerda como a uno de los mejores, por haberlo adornado con la práctica de las mejores relaciones humanas y públicas y dejado varias y buenas obras para esta ciudad a la que consideraba su segunda “Patria Chica”.
Tampoco sabíamos que desde 1980 amenazas de muerte le llegaban con frecuencia, que una vez cada mes le saludaban en casa con un atentado dinamitero, que en algún momento le exigieron el pago de cupos que no aceptó porque no estaba de acuerdo con esa forma violenta de pretender solucionar los problemas nacionales y eso motivó el incendio del depósito donde guardaba la mercadería que le enviaban de Lima, donde competía en compra y venta con la empresa Hiraoka que empezaba a crecer.
Quién podía imaginar que un 11 de diciembre de 1982, en plena inauguración de una posta médica en el barrio de Santa Bertha, hoy distrito de Jesús Nazareno atentaran contra su vida dos desconocidos llegados en una motocicleta.
Penoso e incomprensible hecho contra alguien que venía cumpliendo su responsabilidad de Alcalde sin ningún viso de corrupción, abusos o de autoridad u otros delitos. La historia y la memoria colectiva explicarán este hecho.
Pero su hombría y apego a su trabajo, a su familia le hizo decidir su retorno a Huamanga, ya no en la cabalidad de sus aptitudes pero sí con esa férrea voluntad de seguir trabajando en su empresa y cumplir el período para el que fue elegido Alcalde.
No pudo cumplir con su deseo porque lo que no pudieron las balas lo lograron los años, la enfermedad y se fue a la eternidad con los laureles de gratitud de este su pueblo que en la persona de su entonces alcalde Amilcar Huancahuari perennizó su memoria poniendo su nombre al parque principal del Distrito de Jesús Nazareno.
Transcurrido dos años de su sensible deceso le decimos siga descansando Don Jorge en la Paz del “Patrón de Huamanga”: Jesús Nazareno, no sin antes manifestar que la familia periodística de “La Voz” de Ayacucho, Diario y Radio, expresa a los deudos de Don Jorge Jáuregui Mejía su más sentida condolencia, especialmente al hijo menor del extinto, Gustavo Jáuregui Montero, dilecto y caro amigo del Co-Fundador y ex Director de este Diario: Jesús Fernando Cruz Chumbe.
Paqarinkama, hasta mañana viernes
LEYENDA DE LA FOTOGRAFÍA CAPTADA
EL 17-NOV-1994, HACE CASI 22 AÑOS::
De Izq. a Der.: Antonio Sulca Effio (“ASE”); VÍCTOR JORGE JÁUREGUI MEJÍA; poeta, Mario Ruiz de Castilla; padre del nombrado Co-Fundador de “La Voz” y el; periodista deportivo, Alberto Bustíos (en segunda fila).

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